El Abuelo
La torre del telégrafo es la montaña más alta de mi pueblo, San Benito Triste. ‘Los Benos Tristes’, nos dicen en burla los de San Benito Alegre. Yo como golosinas todas las tardes en la tienda del abuelo. El abuelo sabe, pero hace como que no se da cuenta. Mientras yo busco el dulce, él corta tomates rojos y les echa mucho jugo de limón para que comamos mientras los petroleros llegan a comprar carnada. Un cuchillo es una historia. Así es el abuelo. Cuando toma el cuchillo, ya sé que va a cortar dos tomates, y luego, a contarme una historia. El abuelo ha viajado por todos lados. Ha visto fantasmas y peleado con cocodrilos. El otro día, en la clase de geografía, la maestra dijo que en nuestra playa no hay cocodrilos. Yo me enojé montones y le dije que no era cierto, que mi abuelo peleó con uno y le sacó los dientes. Claro, los dientes los vendió y con eso compró la tienda. Todos se rieron. Todos. Hasta el conserje Domitilo. Pero cuando les grité que ellos no tenían abuelo, todos se queda...